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    February 27

    INFILTRADOS GANA A BABEL EN LOS OSCAR

    E l director estadounidense Martin Scorsese, junto con su película «The Departed» («Infiltrados»), se ha erigido como el gran vencedor de la 79 edición de los premios de la Academia de Hollywood.

    El veterano cineasta, realizador de filmes como «Taxi driver» o «Toro salvaje», logró el primer Oscar de su carrera con esta película de suspense protagonizada por Leonardo di Caprio, Jack Nicholson y Matt Damon.

    Scorsese obtuvo la estatuilla que le reconoce como mejor director por delante de cineastas como el mexicano Alejandro González Iñárritu, nominado por «Babel»; Stephen Frears, por «The Queen» («La reina»); Paul Greengrass, por «United 93»; y Clint Eastwood, por «Letters fron Iwo Jima» («Cartas desde Iwo Jima»). «Infiltrados» se convirtió en la gran vencedora de la noche al obtener el premio de mejor película por delante de «Babel»; «Cartas desde Iwo Jima», «The Queen» y «Pequeña Miss Sunshine». También logró otras dos estatuillas: al Mejor Guión Adaptado y al Mejor Montaje.

    Scorsese se mostró «orgulloso» de poder contestar ahora a todos aquellos que le decían que aún no había conseguido un Oscar, y repartió agradecimientos entre el elenco de actores que participó en su película.

    Por su parte, la inglesa Helen Mirren logró la única estatuilla para la película «La Reina» en la categoría de Mejor actriz, en la que también competía la española Penélope Cruz por su papel en «Volver», de Pedro Almodóvar.

    Mirren, que en el filme encarna a la reina Isabel II de Inglaterra, cumplió con los pronósticos y se llevó un galardón al que también optaban Judi Dench, por su papel «Notes on a scandal» («Diario de un escándalo»); Meryl Streep, por «The Devil wears Prada» («El diablo se viste de Prada»); y Kate Winslet, por «Little Children». Cruz, que fue nombrada en varias ocasiones por la conductora de la gala, la cómica Ellen Degeneres - quien al principio de la ceremonia señaló que la madrileña era de nacionalidad mexicana - , es la primera española nominada en la categoría de Mejor actriz y, posiblemente, la intérprete nacional más popular en Estados Unidos. A ello han contribuido sus papeles en «Vanilla Sky», con Tom Cruise, o «La mandolina del Capitán Corelli», con Nicholas Cage.

    EL MITO JAN ULLRICH SE RETIRA

    Sin nadie que le fiche y asediado por la 'Operación Puerto', el ganador del Tour'97 deja el ciclismo

      Jan Ullrich anunció ayer su adiós. Su carrera deportiva no se ha terminado; se ha roto. Hace mucho, en 1996, ayudó a Riis a decapitar a Induráin. Una temporada después, con sólo 23 años, ganó su primer Tour. El único de su palmarés. Iba sin cadena. Poderoso. Músculo con forma humana. Ayer se despidió. Arrastrando las cadenas de la 'Operación Puerto', de la red de dopaje desarticulada hace diez meses.

    «Pongo fin a mi actividad como corredor. Nunca he hecho trampas», dijo ante las cámaras, espejos de su último acto como ciclista. Apretaba los labios contra la rabia: «He sido condenado antes de ser juzgado. Parece que soy un criminal, y nunca he hecho nada malo». Ullrich, el único deportista a quien la justicia persigue hasta ahora por su relación con la 'Operación Puerto', se ha quedado solo en la defensa de su inocencia. El ciclismo no le cree: se habló de contactos con el equipo Tinkoff, el Acqua e Sapone y el Barloworld, incluso con el Discovery de Armstorng, pero nadie le ha rescatado. Carga con su estigma. Demasiado peso. Tanto que le ha enterrado. Con él se cierra una era: la década negra, minada por el dopaje. Ullrich ganó el Tour de 1997, el último antes del escándalo del Festina. Después, el ciclismo ha sido una deriva, con destino final en el remolino de la 'Operación Puerto'. El telón para una especie ciclista.

     

    El joven Jan aprendió que había otro ciclismo, más allá de los Juego Olímpicos o de ídolos locales como Ludwig o Ampler. Hasta entonces, el Tour era algo clandestino, de visión prohibida. Deporte capitalista. Hamburgo se lo reveló. Un año después, en 1993, se colgó el oro en el Mundial sub'23, el mismo que coronó a Armstrong y dejó con la plata a Induráin. Tenía prisa. Le gustaba Occidente, los 'deportivos', el dinero. Dos años más tarde tiró de Riis y hundió a Induráin. Y en 1997, en la etapa de Arcalís, asaltó el trono del Tour. Su carrera ya. Los flashes revolotearon a su alrededor. Alemania ingresaba en la 'Grande Boucle'. Los Campos Elíseos recuperaron el desfile germano. El escalofriante 'Jilrich', 'Jilrich' de los hinchas teutones.

      Ullrich es débil. Alguien le comparó en el pelotón con un conejo asustado, incapaz de ejercer como un capitán. Así perdió el Tour 1998, el de la desdicha del dopaje. Pantani, el héroe del pueblo, decapitó al germano entre la lluvia del Galibier, a todo o nada. Ullrich llegó descompuesto a Dos Alpes, pómulos al rojo, perdedor ardiente, y desde ahí ya nunca volvió a ser quien anunciaba.

    Ganó la Vuelta del 99 porque era demasiado bueno para no hacerlo y ahí arrancó su problema crónico en la rodilla. Las lesiones le apartaron del Tour y un error adolescente con una dosis de anfetaminas, de su profesión. Llegó Armstrong, orgulloso y tenaz, con la escoba, y Ullrich abdicó. Ha sido cinco veces segundo en el Tour (1996, 98, 99, 00 y 03) en una pelea contra sí mismo que ha perdido.

    Sobrepeso y lesiones

    Parecía el inicio. Lo fue, pero de un catálogo de decepciones y problemas físicos. «¿Por qué tengo que admirar a Ullrich si yo he corrido con Merckx?», dijo Walter Godefroot, manager del T Mobile tras uno de los cinco segundos puestos de su pupilo en el Tour. Siempre tras Armstrong. Y bajo su fama de indolente. Cebado en invierno con hasta 11 kilos de sobrepeso. Positivo por tomar éxtasis en una discoteca y luego arrugar su 'Porsche 911' contra una esquina... Su carrera era un parte médico: lesiones de espalda, de rodilla, de talón, de oído. En 2002, el Telekom se hartó. A la calle. Con 28 años, le dieron por acabado. El Coast le ofreció un maillot y con él completó el maravilloso Tour de 2003, el de Centenario, el de aquella electrizante etapa camino de Luz Ardiden, con caída de Mayo y Armstrong, y con aquella imagen de Ullrich, noble, esperando a los caídos. Ese día perdió el Tour y ya nunca volvió a su nivel.

    Se quedó en víctima predilecta de Armstrong. Sin opción frente al americano. Sumergido ante el poder mental de su rival más íntimo. Sólo cuando Armstrong se fue, Ullrich salió de la gota de ámbar en la que estaba disecado. El de 2007 iba a ser su Tour. Pero mes y medio antes, la Guardia Civil había detenido a Eufemiano Fuentes y a Manolo Saiz en una cafetería madrileña. Ahí comenzó a redactarse la lista de clientes del médico canario. Descifraron las cenizas de este deporte, traducidas en las 200 bolsas de sangre incautadas por los agentes. Desde el inicio, Ullrich apareció citado. El dominó de su caída. La dirección del Tour exigió al T Mobile que le expulsara. Lo hizo. Justo la víspera del inicio de la carrera. «Ese día se derrumbó mi mundo, fue un shock que no he podido superar», confesó ayer. Las carreras alemanas no le quieren. Ni los grandes equipos. Ni el Tour. Ullrich, abatido por el largo eco de la 'Operación Puerto'. Mito despintado por la duda. Víctima de la etapa negra de un ciclismo que no quiere recordar ni su memoria.